Juan Heredia Escolano, ex miembro de Fango-Optica Mola
Siento que las palabras se esconden en algún recoveco de mis ser, siento que tienen miedo de salir y ver la luz, puedo sentir como una a una, poco a poco, van asomando. Pero se resisten. Están atemorizadas porque no saben en donde van a ser colocadas, con quién, con qué compañeras van a permanecer hasta el fin de los días. Y, sin embargo; resignadas: asoman. Es por ello que os pido disculpas si no logro vuestro disfrute o entretenimiento leyéndolas una a una y consecuente una a la otra. La verdad es que las entiendo, pues hace tiempo que no juegan en grupo, hace tiempo que no discuten ni conversan; se siente ciertamente marginadas muchas de ellas, pues desde que deje de dedicarme a relatar las notocias de nuestro equipo, muchas de ellas no han vuelto a ver la luz, ni la pluma, ni el papel... . La culpa la tienen sus hermanas mayores y, ciertamente, impertinentes. Esas hermanas altivas y tan poco sociables, que sólo se mueven en ciertos ambientes de la jet-set de la expresión. Esas hermanas recelosas: los tecnicismos, los cultismos y los cientifismos con los que de un tiempo a esta parte he de utilizar en casi todo aquello que escribo. Seguramente ya estarán enfadas conmigo porque las estoy criticando y porque ahora dedico toda mi atención a sus hermanas pequeñas. Tengo asumido que la semana que viene se declararán en huelga de celo y no podré entregar aquel análisis en la Universidad, pues las expresiones al uso me serán saboteadas. Pero no me importa, ciertamente.
Al tema:
Sé que hacía tiempo que esperabais que os escribiera algo, y sinceramente lo agradecí, pues aunque soy objetivo de todas vuestras cariñosas burlas acerca de algunos de mis modos de escribir, veo que en el fondo os agrado con estas cosas que van surgiéndome.
Y me satisface que estas líneas mías sirvan de clausura de vuestra temporada. Aunque no estén a la altura meritoria de vuestro liderazgo, de vuestra clasificación.
Habéis conseguido llevar el nombre de Fango a lo más alto de las listas, habéis sacado ese nombre de los subsuelos de la resignación y ahora espero que os mantengáis honrosamente encima de los demás.
Pues Fango fue concebido para luchar: nació jabato y morirá lobo estepario. No hablaré de una raza aria, pues seré condenado al ostracismo histórico, seré evocado a tiempos de ignonimia, pero si diré que naciendo iguales, sois superiores. Algunos hombres llamaron a nuestras puertas para insultarnos, nos miraban con desdén y altivez por las calles de las ciudades y, sin embargo, ahora todos cayeron en desgracia. Todos aquellos que no creyeron en Fango se arrastran hoy desmembrados por los áridos terrenos de los penales de la envidia y la desgracia.
Ahora que somos campeones han de mirarnos con respeto y cabeza gacha, deben tratarnos de usted y denominarnos con nuestros títulos correspondientes. ¡Es la hora de la victoria; es hora de vanagloria y orgía!
¿Y qué hay de aquellos que, ignorantes, no creyeron? ¿Aún viven? ¿Habéis, acaso, conmutado sus graves herejías? Espero que no. Todos ellos deben de estar colgados de las farolas en nuestras más perversas meditaciones.
Que esto que escribo no quede en vano y sirva para que todos ellos ¡sabéis quienes sois! huyan de sus casas antes de que lleguemos nosotros... ¡La armada fanguista regresará a sus orígenes: la calle, el campo, las oscuras tinieblas del bosque y, a la orden del Cacique Löffler arrasaran las moradas de los impíos, raptaran a sus mujeres y jugaran al fútbol con las cabezas de sus hijos!
Y así será como ellos se retracta...
Perdonad, tengo que irme, siento que el reloj se para, grita y sangra. Comienza la cacería.
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